lunes, noviembre 15, 2010

TRABAJO Y CONSUMO: LA REALIDAD DEL SUEÑO AMERICANO

“…Era una ciudad de plástico de esas que no quiero ver
De edificios cancerosos y un corazón de oro ver
Donde en vez de un sol amanece un dólar
Donde  nadie  ríe donde nadie llora
Con gente de rostros de poliéster
Que escuchan sin oír y miran sin ver
Gente que vendió por comodidad
Su razón de ser y su libertad…

Oye latino oye hermano oye amigo
Nunca vendas tu destino  por el oro ni la comodidad
Nunca descanses pues nos falta andar bastante
Vamos todos adelante para juntos terminar
Con la ignorancia que nos trae sugestionados
Con modelos importados que no son la solución…”
Plástico
Ruben Blades
 

Desde muy joven me expuse a todos los productos que llegaban de Estados Unidos: series de TV, películas de cine, música y moda, a la vez adopte una posición crítica y aunque consumía lo que todos los de mi generación consumían vi en la avalancha de productos americanos algo más que una simple transacción comercial; sentí que ese país y su cultura habían seducido a dos de mis hermanxs. Después, con el tiempo, los libros, la universidad y la política comprendí que todos los productos que llegaban de USA solo eran una parte de un gran intercambio que se realizaba entre los dos países, donde Colombia entregaba más de lo que recibía, incluyendo a jóvenes que soñaban con el famoso pero caduco American dream.


Pasado el tiempo y gracias a mi hermana pude viajar al país del norte, era mi oportunidad para ver al “Imperio” desde dentro, de comprobar o refutar todo lo que se dice del American way of life, pero sobre todo de mirar de forma muy rápida y superficial la manera cómo viven los migrantes latinoamericanos, y comparar, ya que soy migrante también pero en Europa, sí para nosotrxs los suramericanos, el primer mundo nos resulta hostil, indiferente o extraño.


En este pequeño texto quiero plasmar algo de lo que vi, sentí, pensé y concluí gracias a un viaje de 35 días por dos ciudades totalmente opuestas: Paterson y New York o más precisamente Manhattan; estando en ellas y viajando de la una a la otra recolecte información que me ha ayudado a ver mejor el presente y el futuro que nos espera a nosotrxs y a las generaciones que nos preceden.


EL CARRO Y LA AUTOPISTA PÉRDIDA DEL SUEÑO AMERICANO

“...Adiós me voy
Por el hueco
Me voy pa Nueva York
Por el hueco
A volverme rico 
Por el hueco
Yo quiero un carrito
Por el hueco
Que sea rojo
Por el hueco
Que sea un Ferrari
Por el hueco...”
El Hueco
La Mojarra Eléctrica



El entramado de avenidas, puentes, autopistas y túneles está diseñado para que el automóvil sea el motor de la economía, facilita y cubre el transito tanto de mercancías como de personas; el carro, el motor y la gasolina pueden ser interpretados como los símbolos de Estados Unidos, las personas están atadas a sus carros y el capitalismo de Estado condena a los individuos a la necesidad del auto. Es éste el que permite ir al trabajo, el que abre la puerta de la diversión, es quien asigna un estatus dentro del ámbito familiar o la red de amistad.

Supuestamente las autopistas deben facilitar la movilidad pero la exagerada cantidad de carros logra colapsar hasta la más grande de ellas, a veces se transita libremente pero siempre existe el temor de encontrarse con el trancón, la caravana, con la fila infinita de coches ocupados por una sola persona. A la vez estas mismas avenidas impiden el libre tránsito de los peatones; las motos y las bicicletas no tienen espacio en estos caminos de asfalto. La función menos evidente pero más efectiva de las supercarreteras es rodear las grandes y pequeñas ciudades de Estados Unidos, son las nuevas murallas de las ciudades temáticas: se paga para entrar y salir, controlan, es la nueva ciudad amurallada donde el que tiene coche es prisionero de su propio entorno.


El Estado no desarrolla en USA otras formas de transporte. Los norteamericanos viven como si toda la gasolina del planeta les perteneciera, la consumen sin prejuicios. El carro pequeño, el carro eléctrico, la moto o la bicicleta no son considerados vehículos en esta sociedad, solo los monovolumen o cross over tienen cabida en la carretera, el poder del motor y de la gasolina alienta el consumo y la estratificación de la sociedad. No poseer un carro es depender del transporte público, y el transporte público es naturalmente ineficiente en un país gigante donde las distancias entre una ciudad-región y otra pueden alcanzar centenas de kilómetros. Comprar un coche último modelo no es alcanzar el éxito en esta sociedad, solo significa que has empezado a transitar la autopista perdida del sueño americano


LA SOCIEDAD DEL DERROCHE


En Estados Unidos de América todo se vende. Es la tierra perfecta para los depresivos con dinero: todo se puede arreglar comprando. La ropa es barata a pesar de que viaja desde Asia; los electrodomésticos, aparte de ser grandes, como los coches y las casas, también son económicos; la tecnología de punta -cámaras, móviles, PC`s, Ipad... etc- son accesibles a la masa, cualquiera que tenga un trabajo tiene un crédito para comprar y endeudarse. Lo más costoso es el alquiler de la vivienda, éste es otro obstáculo para que el gran sueño americano no se cumpla; solo los más ricos son dueños de sus casas, la clase media y los más humildes tienen que conformarse con pagar un alquiler, a los más ricos, o a los bancos, que pertenecen a los más ricos. Es el sueño convertido en pesadilla.


En esta tierra hay de todo, pero nada les pertenece. La comida, la ropa y los carros vienen de fuera. El marketing y la publicidad más la inercia de lo nuevo fomentan el consumo, es la sociedad del USA y tíralo, donde lo nuevo se vuelve viejo en un abrir y cerrar de ojos, es una sociedad cíclica donde el diseño y la marca han reemplazado a la calidad. Eres anticuado sino compras, estas fuera de moda si no compras, eres anti-americano sino compras: ¡sino compras eres un loco!


La forma de vida norteamericana, es decir, el capitalismo y su hijo más avezado, el consumo, han hecho creer a una gran parte de los individuos que viven en ese país, sean indígenas o migrantes, que nada se acaba, que el agua y la comida son infinitas, que el petróleo es infinito, que la energía es infinita -en la noche de Manhattan las luces no se apagan, es la ciudad que nunca duerme- que la naturaleza es infinita. Dicha sociedad y su modelo, el cual han exportado e impuesto y el cual muchas sociedades emergentes -como China, India y Brasil- quieren adoptar, adsorbe sea con el beneplácito de otros gobiernos o a la fuerza, todos los recursos que necesita para sostenerse, desde mano de obra barata o especializada hasta energía fósil y comida, pero sus habitantes viven como si lo que la gran máquina aspiradora del capitalismo salvaje les ofrece se lo merecieran, es parte de la bendición que dios (¿?) dio a América; mientras esto sucede y sigue sucediendo millones de personas sobreviven en la miseria pero sueñan con alcanzar el american way of life.


MIGRANTES

“…Buscando visa para un sueño
Buscando visa de cemento y cal
y en el asfalto quién me va a encontrar
Buscando visa, la razón de ser
buscando visa para no volver
Buscando visa, la necesidad
buscando visa, qué rabia me da
buscando visa, golpe de poder
buscando visa, qué mas puedo hacer
Buscando visa, para naufragar
buscando visa, carne de la mar…”
Buscando visa para un sueño
Juan Luis Guerra y los 4:40
 

Por qué un hombre adulto joven, sin hijos, sin esposa, sin trabajo y que no se dedicaba a ningún oficio relacionado con la agricultura, la construcción o la maquinaria pesada, que vive en un pueblo dormitorio marginal, dentro de un gueto latino, por no decir colombiano, es “dueño” de una camioneta último modelo 4X4, 5 puertas, la cual no utiliza mucho pero si limpia constantemente. ¿Que lleva a alguien con este perfil a poseer algo así? ¡La necesidad no es! ¿Entonces qué es? ¿El contexto? ¿El hedonismo, el narcisismo? ¿El egoísmo? ¿La soledad? ¿El vacío? ¿La nostalgia? ¿O todo esto junto? La pregunta esencial es, obviando en parte lo económico: ¿por qué dejamos nuestros países, familias, amigos, trabajos para irnos a un lugar desconocido en vez de enfrentarnos a nuestra realidad, por más adversa que sea e intentar cambiar la situación que nos empuja a emigrar? Una posible y no única respuesta es que el amercian way of life nos ha tocado y somos capaces de dejarlo todo por ganar en dólares, por tener un coche último modelo, por pagar una hipoteca y por poseer los últimos y más inútiles aparatos.


Cuando caminaba por Manhattan y miraba las tiendas de verduras, los restaurantes, los supermercados veía latinos trabajando en la parte más baja de la pirámide, y aquí muchos dirán que estos latinos no se han integrado, que no estudian el ingles, que son vagos y solo les gusta beber, pero ¿el sistema norteamericano de vida, la estructura de esta sociedad les permitirá ascender? ¡Creo que no! Aunque la maquinaria mediática a veces nos vende la imagen del migrante que logra el tan anhelado éxito en el país del norte, éste es un caso aislado, que por lo general migra bajo otras condiciones y que se sumerge en el sistema y lo escala pasando por encima de mucha gente sin mirar atrás, la generalidad de migrantes, viejos y nuevos, siguen hipnotizados por un sueño que tal vez nunca alcanzaran y mientras persiguen ese espejismo pasan los años, pasa la juventud y cuando por vacaciones o por jubilación retornan a sus países de origen se dan cuenta que todo sigue igual, que sus sobrinos o los hijos de los que se quedaron desean emigrar y ellos mismos son interrogados por la manera de cómo llegar al norte, de cómo salir y burlar todos los obstáculos.


Estados Unidos fue, es y será un país de migrantes, a pesar de esto en el país que ha sido construido por constantes olas migratorias estos no son tratados igual; esta afirmación no es nueva y además se ha estudiado sociológica y antropológicamente. Pero como he dicho antes, somos responsables de nuestra propia emigración.


CONCLUSIÓN

“…Todos vuelven a la tierra en que nacieron
Al embrujo inconfundible de su sol
Y quien quiere ta’ comiendo mierda e’ hielo
Cuando puede ta’ bailando algo mejol…”
La hora de volvé
Rita indiana y sus misterios
 

Se puede aplicar un dicho colombiano a lo que es Manhattan y el modo de vida norteamericano: tiene buen lejos. Desde lejos parece el paraíso, pero cuando se tiene que vivir y trabajar en él, siendo migrante suramericano, todo cambia radicalmente, la belleza desaparece y es reemplazada por part time’s y full time’s seis días a la semana, por paseos dominicales en el mall, por objetos que no utilizas, por sueños que no se realizan. A pesar de todo esto sigue existiendo gente en Colombia y en el mundo que quiere vivir en Estados Unidos, que abandonan todo y a todxs por perseguir el sueño americano y es allí cuando uno se pregunta sí la culpa es del bombardeo que nos llega del norte y que nos hace pensar en que es posible alcanzar dicho sueño. Pero no, la culpa no es de los gringos, tampoco lo es del capitalismo, la culpa en parte es de quienes migramos, de lxs que preferimos dejarlo todo y no sacrificar nada para mejorar nuestro entorno, la culpa es también del gobierno de turno que vende los recursos y entrega la soberanía pensando en el bolsillo propio y no en el beneficio colectivo, la culpa es nuestra por creer que lo único que importa es el carro último modelo y la casa, que cuando se acaba de pagar costara la mitad de lo que le pagamos al banco.


Marcelo Arroyave

Colectivo Sursystem

Célula Barcelona

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